sábado, 11 de mayo de 2013

ORTEGA, POLÍTICA







Aquí debéis ser capaces de ver algo de Nietzsche y los vínculos de esta cuestión con cosas tales como el regeneracionismo y el problema de España, o el carácter histórico de la razón.
 
La vida humana es personal e intransferible (sólo soy yo y mis circunstancias) pero los demás también son parte de mis circunstancias. Todos necesitamos de los otros por nuestra condición dividida entre mi yo y mi mundo. No puedo ser al margen de los otros, ellos nos limitan e imponen sus creencias, pero también nos agrandan, pues soy todo lo que para los demás soy.
España es un particularismo, ya que en ella la sociedad va por distinto camino que la política, invertebrada como en todo occidente por el advenimiento de las masas al poder, ha triunfado el “hombre masa” (individuo sin aspiraciones ni proyectos, mediocre, decadente, sólo preocupado por la inmediatez de su conciencia. España sufre una enfermedad típica, la aristofobia u odio a los mejores; un nuevo proyecto es criticado por el hombre masa, movido por  envidia, rencor y remordimiento.
Ha triunfado la chabacanería, la ausencia de compromiso social, la ausencia de hombres ejemplares lo que supone un gran peligro en la historia, porque supone generaciones que no cumplen misión y por tanto no hay futuro.
Se debe promover una élite capaz de hacerse cargo de las responsabilidades de su tiempo, que aporte autenticidad, que aporte un futuro. Una aristocracia con individuos conscientes de su misión, ilustrados, que sepan que deben promover leyes justas y lo hagan.
La clave de la regeneración española será la necesaria reforma social y educativa capaz de proporcionarnos  esa élite necesaria.

domingo, 14 de abril de 2013

CATORCE DE ABRIL


Pantocrátor en capitel románico. Toulouse.


El catorce de Abril de 1.931 fue proclamada la Segunda República española. Fue el final del reinado de Alfonso XIII, abuelo del actual monarca, y el fin del sistema político que predominó durante la segunda restauración, conocido como turnismo.
Llama la atención comprobar cómo la mayoría de los intelectuales españoles de la época compartieron una apoyo más o menos decidido a la idea republicana, y conviene fijarse en que ello no se producía necesariamente desde posturas políticas de izquierdas. El republicanismo es común a muchos autores de la Generación del ’98 y, más acentuadamente, entre los de la Generación del ’14, que es como se conoce a los que podríamos considerar herederos del espíritu del ’98 y entre los que destacamos a personajes de la talla de Ortega y Gasset, Azaña, Picasso, Sánchez Albornoz o Américo Castro.
La pérdida de la guerra con Estados unidos provocó al afloramiento de múltiples problemas entre los que podemos destacar el atraso científico y económico, el aislamiento del contexto europeo, la incapacidad para instaurar una auténtica democracia, lastrado su funcionamiento por el caciquismo campante y el pucherazo electoral sistemático.
La monarquía se percibió siempre como una institución comprometida con el sistema, ligada al sistema hasta tal punto que no se concebía un cambio como el que necesitaba España que no pasara por su eliminación. Los ejes centrales de la apuesta republicana de los intelectuales hispanos pasaban por la necesidad de regenerar el sistema político, elevar los niveles de investigación y conocimiento, relegar la tradición religiosa a un lugar desde el que no pudiese lastrar el avance del país y promover un acercamiento a Europa, modelo a seguir dado su desarrollo social, político y económico.
Es muy tentador iniciar un análisis en paralelo de la situación actual. Ya tenemos la crisis que puede marcar a una generación de españoles, tenemos un sistema político deficiente del que la ciudadanía parece considerablemente alejada y que se basa en una alternancia con sospechosos parecidos con el turnismo, se debate con fuerza la estructura misma del Estado, seguimos sin resolver –antes bien parece que agravamos- el problema de la enseñanza y sin darle importancia a la investigación como motor económico. Lógicamente, tras una crisis institucional de semejante envergadura viene el cuestionamiento de la monarquía misma.
¿Es la monarquía una institución tan comprometida con el sistema partitocrático –y sospechamos que cleptocrático- que depende para su supervivencia de la supervivencia del mismo? Esta es la pregunta clave. Los episodios que la familia real lleva algún tiempo protagonizando hacen que mucha gente abandone su postura indiferente hacia la jefatura del estado y lleva a otros a sospechar una connivencia de intereses entre los dos grandes partidos y la institución monárquica.
Por eso ahora, más que en toda la existencia de esta democracia, se vuelve al debate republicano. Por eso ahora, como siempre, la supervivencia de la institución dependerá de su capacidad para impulsar reformas que la hagan útil y la alejen de un patio político que apesta bastante. Como hizo en el ’75 –nos guste más o menos el resultado de aquello-, ganándose unos años de placidez al erigirse en impulsora de un cambio hacia la democracia que ilusionaba a una ciudadanía asustada. Muchos viejos republicanos cedieron en el momento y aceptaron la figura del rey porque, a su juicio, resultaba útil para la restauración democrática. Pero, ¿qué futuro le espera si se acaba percibiendo como un lastre?

jueves, 28 de marzo de 2013

¿UN ROMANCE CONTEMPORÁNEO?

 Este romance pertenece al Romancero Viejo, ese corpus de poemas que han logrado llegar a nuestros días desde la Edad Media y mediando la tradición oral.
¿Tal vez alguno de vosotros podría encontrarle una interpretación moderna? ¿Tal vez vinculada a Descartes y cía. e incluso más acá?
Juguemos un poco...


ROMANCE DEL PRISIONERO

Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón. 


 

lunes, 25 de febrero de 2013

ILUSTRACION

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Ilustración es la forma que tenemos de denominar a una época de la historia –el S. XVIII- con una serie de tendencias intelectuales muy características, especialmente en Francia, Inglaterra y Alemania y en menor medida también en otros países europeos. Si nos ponemos en plan plurilingüe le llamaremos también Lumières, Enlightenment o Aufklärung.
Podemos decir que la característica principal de este movimiento es el optimismo de la razón. No al estilo cartesiano, ya que se tiene bastante claro que la razón no es omnipotente en el orden epistemológico, sino en tanto que se la considera herramienta de emancipación. Liberación del hombre con respecto a la Naturaleza, a la que el desarrollo científico permitirá conocer y dominar, y también en el orden social, que debe ser reorganizado siguiendo los dictados racionales.
 Dejemos que hable Kant, y pronto discutiremos si estamos en una época optimista propiciadora de la liberación humana o en una época dominada por el miedo y por tanto en riesgo permanente de ceder sus libertades a aquellos que “han de salvarnos” de los peligros que nos acechan.
Ilustración es la salida del hombre de su culpable minoría de edad. Minoría de edad es la imposibilidad de servirse de su entendi­miento sin la guía de otro. Esta imposibilidad es culpable cuan­do su causa no reside en la falta de entendimiento, sino de decisión y valor para servirse del suyo sin la guía de otro. Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! Tal es el lema de la Ilustración.
Pereza y cobardía son las causas por las que tan gran parte de los hombres permanece con agrado en minoría de edad a lo largo de la vida, pese a que la naturaleza los ha librado hace tiempo de guía ajena, y por las que ha sido tan sencillo que otros se erijan en sus tutores. Es muy cómodo ser menor de edad. Tengo un libro, que suple mi entendi­miento; a quien cuida del alma, que suple mi conciencia; a un médico, que me prescribe la dieta, etc., de modo que no tengo que esforzarme. No tengo necesidad de pensar, si puedo pagar; otros se encargarán por mí de la enojosa tarea. Aquellos tutores, que se han hecho cargo tan bondadosamente de la supervisión, se cuidan muy bien de que el paso hacia la mayoría de edad sea tenido, además de por molesto, también por muy peligroso por la gran mayoría de los hombres (y por todo el bello sexo).
Respuesta a la pregunta: ¿Qué es Ilustración?  I. Kant. 1784 
 (Traducción de Javier Alcoriza y Antonio Lastra)