Alumnos de 2º Bat. A que deben recuperar la tercera evaluación. No se incluyen los nombres de los que deben examinarse en Septiembre ni de los que ya han aprobado.
Cada uno sabe ya si tiene otra evaluación que recuperar, así que consigno sólo los datos de la tercera evaluación:
Jennifer, Noelia, Mar y Patricia.
El lunes nos veremos.
La tortuga milenaria solía decir: "No sé a qué vienen tantas prisas. En el lapso de tiempo de esta breve vida no podríamos llegar a donde queremos ni aunque pudiéramos viajar a la velocidad de la luz, así que es preferible no apresurarse."
viernes, 20 de mayo de 2011
jueves, 19 de mayo de 2011
RECUPERACIÓN TERCERA EVALUACIÓN
Con un cierto retraso, aquí pongo los nombres de los que tienen que recuperar la tercera evaluación de Filosofía.
Cada uno ya sabe si tiene o no que respescar alguna otra.
DEBEN RECUPERAR:
Antonio Vílchez, Andreu Botella, Nuria Esclapez y Noemí Pérez.
El lunes estaré allí para atender cualquier duda.
Cada uno ya sabe si tiene o no que respescar alguna otra.
DEBEN RECUPERAR:
Antonio Vílchez, Andreu Botella, Nuria Esclapez y Noemí Pérez.
El lunes estaré allí para atender cualquier duda.
miércoles, 4 de mayo de 2011
PEDAGOGÍA HOY
TOMADO DEL BLOG VANITY FEA
De la conclusión al libro de José Penalva Buitrago, Corrupción en la Universidad: El ocaso de la pedagogía, el triunfo de la endogamia:
El poder de esta España es reticular, y su símbolo, la tela de araña. Se organiza a modo de una tupida trama de relaciones, pero con nombres y apellidos. Esos nombres y esas tramas eran objeto de investigación por parte de los medios de comunicación—cuando eran medios de comunicación—, y por ello han estado en el corazón de las sociedades abiertas.
Y hoy España sigue enferma de poderes, de señoritos—Saca-Buche, lo llaman en mi tierra; cacique fue apodado en la España de ultramar—. La entera geografía española sigue plagada de las telas de esas arañas, en una maraña que defne la entera faz de esta tierra. Encuentre usted un partido político, un departamento universitario, una comunidad de vecinos o una vulgar cofradía, y allí verá la entraña de la España real: el señorito y su grey de fieles vasallos. Sea el nacionalismo extremista o el provincianismo de boina y botijo; sea el alcalde y su camarilla o el cura y sus sermones; sea el tertuliano suplantador de realidad y su servilismo ideológico; sean catedráticos y sus cortijos universitarios. Los procesos sociales en España giran sobre el mismo centro: señores que reclaman sumisión, y los no menos culpables fieles vasallos.
Esa es la entraña de nuestro presente: el mezquino caciquismo y su vergonzoso proceso de borreguización de la masa circundante. Desde la noble y señorial piedra de abolengo hasta el más humilde chinarro del camino; ausculte, y allí está la España real: la araña cainita que teje su red de mezquinos y serviles vasallos. En virtud de los hilos que han ido tejiendo las arañas caciquiles, y que han consentido servilmente las marionetas adláteres, se ha formado sobre la sociedad española una tupida y densa tela de araña, de modo que aquí todo depende de un amiguete que conoce a otro amiguete, de mezquinos y vergonzosos favores que esperan su servil réplica. He ahí el sanctasanctórum de la España real. Eso sí, todos esos lazos serviles están revestidos, recubiertos y barnizados de la mejor apariencia: eso que se llama "Estado de Derecho". En realidad, un estado de derecho al favor, al yo te aúpo a ti para que luego me aúpes a mí, enchufa hoy a mi amigo y mañana enchufo a tu hijo.
Dicho en román paladino, la estructura interna de esta roída sociedad está compuesta por un amasijo de individualidades: "Yo no quiero saber nada"... "Yo no quiero complicarme la vida".,.. Cada una de esas individuales cobardías es una pequeña renuncia a ser uno mismo. Cada cobardía es un pequeño filamento de esa maraña social, una final cuerda, una sutil cadena, un párvulo favor, una puerta que se cierra, una frívola traición, una trivial ilegalidad... pero un filamento que encaja en la estructura de la tela de araña.
Este epílogo está firmado por el autor, mientras que el cuerpo del libro está narrado por un ficcionalizado "José Montag" que cuenta en primera persona sus experiencias de obstrucción y acoso administrativo-laboral en un departamento de Pedagogía. No se presenta como una novela de campus, sino como un libro-denuncia que sin embargo evita poner nombres y apellidos a los feudos cuyas maniobras describe. El protagonista es "de carácter difícil" según sus contrarios, y esa es también la impresión que saca el lector, seguro que no muy bien calculada por el autor. Sí se ve bien, desde luego, cómo el acoso laboral crea un aislamiento mental y una "realidad alternativa" para el acosado, una realidad en la que está uno solo para sostener una versión de las cosas que contrasta con el proceder habitual de los demás. Ese proceder es el que todo el entorno académico encuentra normal, y pasa desapercibido por el funcionamiento habitual de la institución, que es alérgica a las protestas por escrito y a las invocaciones de la ley, si esa ley molesta a alguien con influencia. La ceguera selectiva es absolutamente crucial: es el principio de funcionamiento del sistema. Las apelaciones a la normativa por parte de individuos aislados son ignoradas, silenciadas u ostracizadas por los compañeros, y luego por la administración de la universidad. Todos los conflictos se vehiculan mediante la queja de pasillo por lo bajini, la sumisión a los influyentes, el intercambio de favores y el arrimarse a un grupito o a un buen árbol. E ir participando de sus estrategias, y aplicando sus cegueras selectivas también. Y así va adquiriendo la institución sus maneras características.
(PS: Al autor José Penalva ya le han abierto expediente disciplinario en su Universidad de Murcia)
De la conclusión al libro de José Penalva Buitrago, Corrupción en la Universidad: El ocaso de la pedagogía, el triunfo de la endogamia:
El poder de esta España es reticular, y su símbolo, la tela de araña. Se organiza a modo de una tupida trama de relaciones, pero con nombres y apellidos. Esos nombres y esas tramas eran objeto de investigación por parte de los medios de comunicación—cuando eran medios de comunicación—, y por ello han estado en el corazón de las sociedades abiertas.
Y hoy España sigue enferma de poderes, de señoritos—Saca-Buche, lo llaman en mi tierra; cacique fue apodado en la España de ultramar—. La entera geografía española sigue plagada de las telas de esas arañas, en una maraña que defne la entera faz de esta tierra. Encuentre usted un partido político, un departamento universitario, una comunidad de vecinos o una vulgar cofradía, y allí verá la entraña de la España real: el señorito y su grey de fieles vasallos. Sea el nacionalismo extremista o el provincianismo de boina y botijo; sea el alcalde y su camarilla o el cura y sus sermones; sea el tertuliano suplantador de realidad y su servilismo ideológico; sean catedráticos y sus cortijos universitarios. Los procesos sociales en España giran sobre el mismo centro: señores que reclaman sumisión, y los no menos culpables fieles vasallos.
Esa es la entraña de nuestro presente: el mezquino caciquismo y su vergonzoso proceso de borreguización de la masa circundante. Desde la noble y señorial piedra de abolengo hasta el más humilde chinarro del camino; ausculte, y allí está la España real: la araña cainita que teje su red de mezquinos y serviles vasallos. En virtud de los hilos que han ido tejiendo las arañas caciquiles, y que han consentido servilmente las marionetas adláteres, se ha formado sobre la sociedad española una tupida y densa tela de araña, de modo que aquí todo depende de un amiguete que conoce a otro amiguete, de mezquinos y vergonzosos favores que esperan su servil réplica. He ahí el sanctasanctórum de la España real. Eso sí, todos esos lazos serviles están revestidos, recubiertos y barnizados de la mejor apariencia: eso que se llama "Estado de Derecho". En realidad, un estado de derecho al favor, al yo te aúpo a ti para que luego me aúpes a mí, enchufa hoy a mi amigo y mañana enchufo a tu hijo.
Dicho en román paladino, la estructura interna de esta roída sociedad está compuesta por un amasijo de individualidades: "Yo no quiero saber nada"... "Yo no quiero complicarme la vida".,.. Cada una de esas individuales cobardías es una pequeña renuncia a ser uno mismo. Cada cobardía es un pequeño filamento de esa maraña social, una final cuerda, una sutil cadena, un párvulo favor, una puerta que se cierra, una frívola traición, una trivial ilegalidad... pero un filamento que encaja en la estructura de la tela de araña.
Este epílogo está firmado por el autor, mientras que el cuerpo del libro está narrado por un ficcionalizado "José Montag" que cuenta en primera persona sus experiencias de obstrucción y acoso administrativo-laboral en un departamento de Pedagogía. No se presenta como una novela de campus, sino como un libro-denuncia que sin embargo evita poner nombres y apellidos a los feudos cuyas maniobras describe. El protagonista es "de carácter difícil" según sus contrarios, y esa es también la impresión que saca el lector, seguro que no muy bien calculada por el autor. Sí se ve bien, desde luego, cómo el acoso laboral crea un aislamiento mental y una "realidad alternativa" para el acosado, una realidad en la que está uno solo para sostener una versión de las cosas que contrasta con el proceder habitual de los demás. Ese proceder es el que todo el entorno académico encuentra normal, y pasa desapercibido por el funcionamiento habitual de la institución, que es alérgica a las protestas por escrito y a las invocaciones de la ley, si esa ley molesta a alguien con influencia. La ceguera selectiva es absolutamente crucial: es el principio de funcionamiento del sistema. Las apelaciones a la normativa por parte de individuos aislados son ignoradas, silenciadas u ostracizadas por los compañeros, y luego por la administración de la universidad. Todos los conflictos se vehiculan mediante la queja de pasillo por lo bajini, la sumisión a los influyentes, el intercambio de favores y el arrimarse a un grupito o a un buen árbol. E ir participando de sus estrategias, y aplicando sus cegueras selectivas también. Y así va adquiriendo la institución sus maneras características.
(PS: Al autor José Penalva ya le han abierto expediente disciplinario en su Universidad de Murcia)
sábado, 19 de febrero de 2011
JARDINES
Desde tiempos inmemoriales los hombres han creado espacios privados o públicos concebidos en exclusiva para el esparcimiento y el deleite. Los jardines –voz que el español toma del francés para distinguir con mayor claridad el “huerto de alimento” del “huerto de flores”, como se denominaba a estos espacios- ya cuentan en la Antigüedad con un referente mítico: los famosos jardines colgantes de Babilonia, considerados por Plinio como una de las “maravillas del mundo”.
Cada cultura desarrolla una particular forma de entender estos espacios, otorgándoles una diferente simbología y por tanto dan un diferente sentido al espacio que ocupan y a la función que desempeñan.
Los chinos tienen un arte de la jardinería milenario, probablemente el más antiguo de los que permanecen hoy vigentes. Para ellos el jardín refleja el cosmos en su totalidad y en ellos ocupan un lugar privilegiado la montaña y el agua.
Entre los jardines europeos destacan por su popularidad y su extensión a otros lugares el jardín formal francés y el jardín inglés. En muchos sentidos podríamos vincular su forma y desarrollo a la formación de dos filosofías diferentes en ambos países.
El jardín formal francés desarrolla su estilo característico precisamente a lo largo de los siglos XVI y XVII, época del surgimiento del racionalismo cartesiano y se caracteriza por su búsqueda de la perfección geométrica, su elaborado planeamiento matemático que pone a su servicio a la naturaleza cuidadosamente domesticada. Los setos recortados y los laberintos son probablemente el ejemplo mejor de esta idea. El agua surge con fuerza de surtidores y forma también figuras que buscan el entretenimiento de la vista además de la gratificación del oído.
El jardín inglés, por otro lado, hace un planteamiento muy diferente del significado del espacio de recreo. Se busca un naturalismo que trata de reproducir en la medida de lo posible un paisaje. Las estatuas de hombres ilustres suelen aparecer en recodos de los caminos estrechos y serpenteantes que tratan de emular la apariencia de los caminos del bosque. El agua fluye por ríos y se detiene en estanques que asemejan lagos. No es un paisaje natural, obviamente, pero trata de representarlo tal cual es captado por el hombre en sus recorridos por los territorios boscosos.
Tal vez cabría hablar de jardines racionalista y jardines empiristas respectivamente…
Otro día, algo sobre jardines árabes y jardines románticos.
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